• Jueves, 24 de Agosto de 2017
  • Actualizado 12:31

Hay momentos en los que por más que lo intento no logro entender el complicado mundo de la política, sin que eso signifique que ésta no me apasione. Pero la pasión no es ceguera, porque cuando eso se produce terminas convirtiéndote en una máquina de respuestas automáticas a la orden de quién te lidera o sumida en un pozo exclusivo de ideas propias que nada tienen que ver con el bien común. Luchar por las minorías, también, no es lo mismo que gobernar para la minoría y olvidarse del reto colectivo. Es un juego de combinaciones que deben de nacer en la intuición, en el razonamiento, en la empatía y, sobre todo, en el sentido común.

El PSOE eso lo ha sabido hacer muy bien siempre, aunque eso haya supuesto un desgaste interno. Es el sacrificio de uno para el beneficio del otro, es servir. El problema viene cuando el cinismo y el populismo se mezclan y se convierten en un explosivo dispuesto a reventar cierta parte de la democracia. Una democracia que ha hecho precisamente historia. 40 años desde que en 1977, 118 diputados y diputadas del PSOE volvían al Congreso, tras la dictadura y la represión.

Y esa historia no puede venderse a cambio de no entender el nuevo panorama político. Por eso, al igual que fue necesaria la abstención del Grupo Parlamentario Socialista en la investidura de Rajoy para dar viabilidad a las instituciones e impedir el bloqueo que seguía asfixiando a las familias, ha hecho falta la abstención del Grupo Parlamentario Socialista para dejar en evidencia a un Podemos qué piensa que el Congreso es un plató televisivo.

La jugada le salió mal, el único interés que tenía Pablo Iglesias era hundir al PSOE. Eran sus planes, si hubiera ganado Susana se le hubiera culpado nuevamente de permitir a Rajoy seguir gobernando. Ahora pretende culpar a Pedro Sánchez de engañar con su no es no. Y lo que no sabe Podemos es que son muchos los que han entendido el afán de protagonismo de un partido de mucho ruido y pocas nueces.

El gran aliado de Rajoy es Pablo Manuel, y el PSOE el único partido de izquierdas, sensato y necesario para desbancar a Rajoy del poder, pero esto únicamente se hace en las urnas y con un proyecto autónomo y ganador. 
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