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  • Diario Digital | Miércoles, 26 de Junio de 2019
  • Actualizado 22:38

El Día de Vivas, no de Ceuta

El Día de Vivas, no de Ceuta

De nuevo hemos vivido un viernes donde, salvo el reconocimiento de algunas medallas, demasiadas para mí, y las felicitaciones que han hecho algunos líderes, secundadas por ceutíes que han inundado las redes, no me hubiera percatado que ayer fue el Día de Ceuta. Lejos de entrar en el debate de cuando se debería de celebrar este día, el 2 de septiembre ha vuelto a ser protagonista por su carácter electoralista y sectario, con la única diferencia de que este año sí ha sido apoyado por todos los grupos de la oposición. Yo, como ciudadana, no me siento representada en un acto cargado de mensajes vacíos sin fundamentos ni veracidad. Lamento la permisividad de quienes deberían de criticar un formato que no está pensado en la mayoría de los mortales, salvo los que se siguen prestando al juego del poder y las apariencias.

Si habéis tenido la oportunidad de analizar las palabras de Vivas os habréis dado cuenta que se evaporan nada más con interpretarlas. Dice que existe una generosidad de quienes gobiernan, me parece una falta enorme de respeto para las miles de personas en el umbral de la pobreza que tienen que observar la inversión en una estatua sin justificar, en vez de crear una partida de emergencia social, independiente del IMIS o a las prestaciones básicas. Resulta curioso como habla de convivencia y luego no tiene valor de debatir una propuesta diversa sobre el calendario laboral. Ceuta es racista y clasista, sí.

Luego, en una frase de su pomposo discurso coloca la palabra miedo, supongo que habrá querido hacer referencia al sistema utilizado por los propios de su partido cada vez que llegan unas elecciones, "o yo o el caos". Así que en esto le voy a dar la razón, quizás por eso continúa con el cuento de la unidad de España, como si el resto de formaciones no creyeran en ella. Él, Vivas, su Gobierno, el Partido Popular, son los únicos defensores de la Patria, pero una Patria basada en los símbolos, como bien definió ayer desde el atril, no en el sometimiento a las características de sus distintos territorios. Posiblemente por eso continúa abanderado, a pesar de la Ley de Memoria Histórica, el escudo franquista en el manto de nuestra Patrona.

También se atrevió a etiquetar Ceuta como frontera Sur y presumir de ella. Suena paradójico porque luego nuestros gobernantes son unos incompetentes para solucionar los problemas que allí se generan diariamente y que impiden el desarrollo de Ceuta, la causa del desempleo. No hay excusas para lamentar las cifras del paro, nuestra ciudad tiene muchas potencialidades para que reinen la pasividad, la complacencia y la acomodación a los planes de empleo y a las subvenciones del Estado, o a los fondos europeos, que hacen que el ahogamiento sea a cámara lenta. Creación de empresas, utopía inalcanzable mientras sigan apoltronados los de siempre.

Luego tengo una curiosidad, ¿a qué se refiere el Presidente cuando habla de la calidad de los servicios? Porque si algo tenemos que lamentar en esta bella ciudad marinera es la falta de servicios públicos eficaces, que se salvan gracias a funcionarios olvidados y saturadas por la Administración.

Eso sí, meter en el mismo discurso nuestro Estatuto de Autonomía, sentir que somos autogobierno y luego tener el atrevimiento de realzar la igualdad territorial, es típico de los hermanos Marx. ¿Igualdad territorial cuando las personas tienen que sufrir los abusos de las navieras, ir a darse radioterapia a la península, o ser experimentos en las decisiones dictatoriales de Madrid en temas educativos? Ceuta no está integrada en el marco territorial, no confundáis. Y como ejemplo, lamento que quienes tienen ahora la labor de exigir hayan olvidado insistir para que estemos en la Conferencia Sectorial de Educación o en el Comité de las Regiones. Lamento la debilidad de fiscalización y de lucha, lamento los comunicados felicitando al Gobierno por las actividades que han desarrollado y lamento que no se defiendan nuestros intereses.

El día 2 de septiembre tiene que ser un día de reivindicación y no de palmadas en la espalda de un Gobierno cada vez más viejo y simplista. Un Gobierno derrochador y carente de sentido común. Un Gobierno que cree que por unos goteos al año puede presumir de participación. Y no, el colegio San Agustín no es ningún modelo educativo. Mi total humildad para toda su comunidad educativa, pero durante muchos años ese centro ha rechazado la inclusión.